EL PATITO FEO

Había una vez una vieja granja en donde vivía una hermosa pareja de patos. Ellos estaban muy emocionados por sus bebes quienes estaban a punto de brotar de sus huevos.

El papa pato estaba tan emocionado de la espera de sus bebes que el caminaba de un lado a otro con mucha ansiedad. De pronto cuando escucho un dulce pequeño quack quack viniendo del nido el papa pato corrió rápidamente para mirar el nacimiento de su primer patito.

-¡Oh dios!, él es tan adorable, exclamo el papa pato mientras abrazaba a su bebe con orgullo.

-Quack, quack, quack, cantaban los patitos mientras nacían uno a uno.

Repentinamente el ultimo huevo broto y del nació un extraño pato con plumas grises, las parejas de patos se miraron el uno al otro con sorpresa y vociferaron hacia el pequeño:

-Tu eres tan feo y pálido, no es posible que seas nuestro bebe.

Mama pato y papa pato junto con sus cuatro patitos se alejaron muy lejos del feo patito dejándolo atrás completamente solo.

El pobre patito no sabía que había mal en él, el checo sus alas, su pico, sus patas, pero todo se veía bien, rápidamente el giro alrededor y miro su reflejo en el lago y lo que él vio lo dejo completamente decepcionado. El pobre patito se sentía tan feo.

-Nadie me ama, ¿Qué puedo hacer ahora?, ¿Dónde podría ir?

El patito feo empezó a caminar en completa tristeza, así muchos días, semanas y meses pasaron y el pobre patito feo vagaba completamente solo en el profundo bosque.

De pronto la nieve empezó a caer y lleno todo el bosque de blanco, el pobre patito sintió mucho frio.

-Oh es tan frio, desearía tanto tener una casa caliente también.

Repentinamente una enorme bola de nieve empezó a rodar detrás de él y el pobre patito feo quedo atrapado en ella; asustado empezó a gritar por ayuda.

Un leñador que cortaba madera cerca del lugar escucho los gritos del patito y corrió a ayudarlo.

-Oh pobre patito, venga aquí, necesitas algo caliente para beber.

El leñador recogió al patito feo y lo envolvió en su caliente abrigo. Lo llevo adentro de su casa donde lo acobijo con una frazada justo enfrente de la chimenea.

-No te preocupes patito feo, yo te cuidare.

Y así muchos años pasaron y el patito feo creció bajo el cuidado del leñador. Pero una cosa fue segura el nunca volvió a ver su reflejo de nuevo.

Un día en una tarde soleada el patito feo estaba caminando junto al lago y de repente el miro a un grupo de cisnes que nadaban en el estanque.

- ¡Ooh, esos cisnes son tan hermosos!

-Yo desearía ser un hermoso pato también, No tengo ningún amigo porque soy tan feo. Me siento tan solo.

Para su sorpresa el vio como el grupo de cisnes se acercaban hacia donde él estaba. Una de los hermosos cisnes le pregunto:

-Hey, nosotros nunca te habíamos visto, ¿Eres nuevo aquí?

-No, yo vivo cerca con el leñador, es solo que no salgo frecuentemente.

- ¿Por qué no?

-Porque soy un pato feo, nadie me ama, nadie me quiere.

-jajajaajajaja, se rieron todos los cines.

El patito feo no se sorprendió que todos se rieran de él así que decidió regresar cuando escucho la voz de uno de los cisnes.

-Espera, ¿A dónde vas?

-Ves, incluso ustedes se ríen de mí, es por eso, que nunca debo salir.

-No, nosotros no nos reímos porque seas feo, nosotros nos reímos porque te llamaste a ti mismo pato.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Tú no eres un pato, tu eres un cisne, como nosotros, y yo nunca había visto a un cisne tan guapo en mi vida.

Él no podía creer lo que había escuchado y quedo completamente sorprendido y después de unos poco minutos logro decir.

- ¿Qué?

El hermoso cisne agarro el ala del pato y lo acerco al estaque.

-Mira tú mismo, Tu eres un cisne.

El patito feo muy temeroso se inclinó sobre el agua porque no quería ver lo feo que era, pero lo que el miro lo dejo en total sorpresa.

Él no era un pato, él era un cisne.

Un guapo y joven cisne. El brinco, aleteo y nado de felicidad y entonces paro para agradecerle al hermoso cisne.

-Muchas gracias por hacerme saber lo que soy.

-jajaj, Ahora que tú sabes quién eres, ¿Quisieras ser parte de nuestro grupo?, nosotros podríamos vivir juntos como una feliz familia.

-Claro, a mí me encantaría.

Entonces el hermoso cisne nado junto con los demás cisnes y jamás volvió a sentirse feo y solo.

Fin

Moraleja: “Un diamante no sabe lo que vale hasta que es pulido”.

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